No sé si es por dar envidia al personal o por recordarte lo bien que se vive con las miserias y pobrezas. Esta noche, en la televisión autonómica de Catalunya (TV3) han emitido un mini-documental sobre las vacaciones de los multimillonarios.
Entre otras situaciones, nos han enseñado una familia francesa que pasaba su periodo estival en un yate, navegando por el Mediterráneo de ciudad en ciudad gastando asombrosas cantidades de dinero. Las declaraciones de la matriarca mientras compraba un vestido valorado en 5000 € fueron: "no me fijo en el precio, no me importa el valor de las compras".
Otra situación que podía crear ciertas envidias era el de un matrimonio americano que, después de pasar sus penumbras, habían conseguido el sueño americano y ahora vivían en una lujosa mansión en Malibú. La casita de éstos parecía un museo, un palacete particular donde te podías perder entre tantos pasillos, habitaciones, jardines y piscinas.
Finalmente, el documental daba su toque fashion party night (o como se diga en inglés) de la mano de un asqueroso viejo multimillorario chulo y prepotente. Semejante tipo daba una fiesta en el jardín de su casa, con lujosas piscinas, exhuberantes chicas asiliconadas y robustos hombres musculosos.
Después de ver el reportaje y de disfrutar por unos momentos de la maravillosa vida superficial y carente de sentimientos de algunas personas, me he sentido orgullosa (más que nunca) de lo bien que estoy. No soy pobre, no soy rica; el ambiente que me rodea no es superficial y los que me quieren, me quieren por lo que soy, no por lo que tengo. Seguramente, todas aquellas personas multimillonarias que dicen tenerlo todo, no sean felices. Les falta lo esencial: el cariño y la felicidad de ser querido.
Estás en el blog personal de Elizabeth, humana de 21 años que habita en los alrededores de Barcelona Badalona.
Dice que estudia una carrera de letras con mucha demanda y salida profesional en la gran ciudad.
Le encanta la música, especialmente la de los años 60', 70' y 80'. Además, le gusta la radio en todos los sentidos y la televisión como tema de conversación y de crítica.
Si fuera por ella, el año sólo tendría dos estaciones meteorológicas: otoño e invierno.
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