Esta tarde, contra todo pronóstico, he ido a comprarme una pieza de ropa. Me he desplazado a unos grandes almecenes dedicado a todo tipo de deportistas: profesionales, aficionados o vagos perezosos (aquí me encuentro yo!), todos encuentran lo que buscan. En esta época del año, lo que más se vende son los equipamientos de montaña y de nieve.
Mientras rondaba por los pasillos del centro en busca de mi prenda, nada común para estas fechas por cierto, me he dado cuenta de la cantidad de gente que practica un mismo deporte: el esquí. Todos se caracterizaban por tener la boca suelta a la hora de hablar, por vestir ropa de marcas carísimas y tener un cochazo en la puerta.
Esto me ha dado qué pensar pues, con toda certeza, esta gente sólo se compra el modelito último modelo para fardar en la estación de esquí. Son las típicas personas que jamás en la vida han esquiado, pero son archiconocidas en el restaurant del hotel.
Se relacionan con éste, con aquél, y con el de más allá. Todo esto mientras se toman una copa en la terraza con las gafas puestas (para que les quede la marca del sol, por supuesto!). Luego, después de haber pasado un fin de semana estupendo en Baqueira, es tiempo de contar a los compañeros de trabajo lo divino que es esquiar.
Siempre hay gente que quiere aparentar lo que no es; tal vez, lo que les gustaría ser. Yo creo que esta clase de personas no son felices, pues siempre quieren lo del vecino y envidian lo del ajeno. Más vale contentarse con lo que uno tiene, que por poco que sea, siempre es más que lo de otros seres.
Estás en el blog personal de Elizabeth, humana de 21 años que habita en los alrededores de Barcelona Badalona.
Dice que estudia una carrera de letras con mucha demanda y salida profesional en la gran ciudad.
Le encanta la música, especialmente la de los años 60', 70' y 80'. Además, le gusta la radio en todos los sentidos y la televisión como tema de conversación y de crítica.
Si fuera por ella, el año sólo tendría dos estaciones meteorológicas: otoño e invierno.
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