A lo largo del día, llega un momento en que el ser humano necesita reponer fuerzas para seguir adelante con su jornada. Ese momento suele ser después de comer, a eso de las tres de la tarde. Es en esas horas cuando uno se siente flojo, debilitado y con un sueño que no se aguanta.
Los especialistas recomiendan hacer una pequeña siesta de unos 15 minutos, suficientes para afrontar el resto del día. Suficientes para quien? Porque para mi una pequeña (y buena!) siesta es de 2 horas con pijama y dentro de la cama! Claro que no siempre tengo la oportunidad de disfrutarla.
Desde que tengo clase por la tarde que la siesta la hago en cualquier sitio: en el metro, en una silla, de pie... Si es que a media tarde quien no se duerme! Seguro que si hacen un estudio sobre bostezos, obtienen como resultado que el 80% de ellos se hacen entre las tres y las cinco de la tarde: la hora de la siesta.
Quien no recuerda las siestas de verano, bajo la sombra de un árbol, con el sonido de las ramas al viento. O cuando te quedas dormido en la playa, tomando el sol bajo la sombrilla, a media tarde. O cuando echas unas cabezaditas en medio de la clase mientras la profesora habla, y habla, y habla...
Justamente eso me ha pasado esta tarde. Mientras la profesora hablaba su spanglish, servidora se ha aposentado cómodamente en su silla de plástico hasta el punto de dejar caer la cabeza hasta la mesa. Unos codazos de mi compañera han hecho que, de un salto, volviera a la charla de la profesora que hablaba, y hablaba, y hablaba...
Estás en el blog personal de Elizabeth, humana de 21 años que habita en los alrededores de Barcelona Badalona.
Dice que estudia una carrera de letras con mucha demanda y salida profesional en la gran ciudad.
Le encanta la música, especialmente la de los años 60', 70' y 80'. Además, le gusta la radio en todos los sentidos y la televisión como tema de conversación y de crítica.
Si fuera por ella, el año sólo tendría dos estaciones meteorológicas: otoño e invierno.
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