Todavía dormía plácidamente en mi cama cuando el repicar de unas campanas me han despertado. Qué bonito es amanecer en un pueblo tranquilo, he pensado. Seguidamente, en vez de oír el dulce canto de los pájaros mañaneros, un "jou-jou-jouuuu" me ha hecho saltar de la cama. Ya decía yo que no podía ser todo tan idílico un lunes a las ocho de la mañana...
Al salir de casa, una alfombra de hojas secas me ha tendido el camino hacia la panadería. Allí, la dependienta (que no panadera!) me ha sonreído falsamente y, mientras me daba las ensaimadas, me ha deseado buenos días. Qué raro que sea tan amable un lunes a las ocho de la mañana...
De camino a la estación, absorta en mi mundo, me he cruzado con el barrendero. Llevaba la escoba cubierta con espumillón dorado. Como toque final, unas bolitas rojas adornaban su herramienta de trabajo. Barriendo las calles de la ciudad, me ha mirado con una sonrisa de oreja a oreja. Qué extraño que esté contento un frío lunes de dicembre a las ocho de la mañana...
A la tarde, parada en mitad de la calle esperando a que el semáforo de peatones se pusiera en verde, ha pasado un autobús repleto de gente. La multitud enlatada sonreía mientras aguantaba grandes bolsas llenas de regalos. Qué curioso que todo el mundo esté contento en un cubículo donde no se puede respirar, he pensado...
Sentada en el tren de regreso a casa, decenas de personas comentaban entre risas lo anecdótico de la jornada mientras yo disfrutaba del paisaje a través de la ventana: la ciudad nocturna repleta de de luces. Al llegar a la estación, una canción que decía algo así como "jingle bells-jingle bells" nos ha dado la bienvenida. Qué sorprendente escuchar música en la estación un lunes por la noche, he pensado...
Algo no va bien. Tanta felicidad y tanta alegría no tiene que ser bueno. Desde que me he levantado esta mañana que todo son señales a mi alrededor. Señales de una tradición modificada con el paso de los años. Resulta que Navidad hace un mes que comenzó, y yo que creía que se celebraba el 25 de diciembre. Qué ingenua!
Si ya lo digo yo! Algo no va bien cuando ves decenas de papás noeles colgados en las ventanas como si de terroristas suicidas se tratasen. Será que la fiebre consumista ha llegado al Polo Norte?
Estás en el blog personal de Elizabeth, humana de 21 años que habita en los alrededores de Barcelona Badalona.
Dice que estudia una carrera de letras con mucha demanda y salida profesional en la gran ciudad.
Le encanta la música, especialmente la de los años 60', 70' y 80'. Además, le gusta la radio en todos los sentidos y la televisión como tema de conversación y de crítica.
Si fuera por ella, el año sólo tendría dos estaciones meteorológicas: otoño e invierno.
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